La eterna juventud


El mismo ritual en cada pueblo, abrían la puerta lateral de su carromato y ofrecían su mercancía a los lugareños.

Su producto estrella, la poción de la eterna juventud, ante la cual todos se reían viendo el aspecto vetusto del vendedor y de la mujer que le acompañaba.

Lo que no sabían aquellos cretinos era que realmente funcionaba, aunque no como ellos imaginaban. Aquella poción no rejuvenecía físicamente sino algo más sutil, hacía sentir como una primera vez.

La pareja de ancianos la bebía todos los días y se enamoraban como un primer amor, veían los trenes como si nunca hubieran visto un tren, contemplaban el brillo del sol de forma virginal, se admiraban viendo aquellos pueblos aunque parecieran todos el mismo…


Feliz Vanidad


Como sé que os queréis más de lo normal os deseo una Feliz Vanidad.

Matrioska

Cuando ella le fue a dar un beso, él le rechazó y le soltó la siguiente perla:

– Muñeca, debo despedirme, ha llegado el momento. Durante todo este tiempo me he divertido jugando a desmontar tus corazas mientras te abrías a mí, pero he llegado al final y ya sé lo que escondes. Detrás de esa apariencia sofisticada, de esa sonrisa de anuncio, de tu prepotencia y tu desdén, más allá de ese cuerpazo calculado solo hay una niña asustadiza y caprichosa. Game ov...

No hubo terminado su frase cuando la niña asustadiza y caprichosa se partió en dos y con un rápido movimiento, le fagocitó.

Origamis



Desde que tuvo uso de razón quiso ser el pionero de las estructuras y los patrones, retorciendo el papel pliegue sobre pliegue, buscando los límites del material, desechando miles de maravillosas ideas.

Hasta que el alzheimer llegó a él y desmontó poco a poco la escultura de su vida, allanando aquellos origamis hasta convertirlos de nuevo en un papel plano.

Empatía hiperbólica



– Doctor, hace mucho que no me reconozco. He perdido mi identidad, mi criterio, mis principios, mis raíces… a veces olvido hasta mi nombre.

– Se le llama empatía hiperbólica, de tanto ponerse en el lugar de los demás ya no le queda personalidad. En cuanto salga de esta consulta, imponga siempre su criterio.

– Gracias, doctor.

– Y ahora hablemos de mis honorarios. Son diez mil monedas de oro. Parece mucho, pero claro, póngase en mi piel.

– Por supuesto. Tenga.

Idolos de barro


La primera vez que la vio no le dio importancia. "Otro ídolo de barro" pensó.

Se empezó a preocupar de verdad cuando otras personas a su alrededor también empezaban a tomar forma de estatua.

En fin, ya le ha cogido el gusto a eso de la inmovilidad.

Pigmalión



Cuando miró el horóscopo, éste predijo que el tarot le advertiría a su vez de una visión a través de una bola de cristal: el futuro compartido con el hombre más cercano en su vida. Y aunque él era heterosexual, no pudo evitar enamorarse perdidamente de su vecino de patio.

Hipocondría




– Hola, doctor.

–¿Otra vez aquí? Es la quinta vez esta semana. Ya le he dicho que no le pasa nada.

– Creo que esta vez es de verdad, a mí me está pasando algo raro. Es como si contagiara mis síntomas, observe. Ahora mismo me duele el pecho, tengo dificultad para respirar y náuseas. ¿Doctor?, ¡doctor respire!

Levitando


Cuando se despertó por la noche se encontró levitando por el techo viendo su cuerpo dormido en la cama.

No podía ser de otra forma. Cientos de kilómetros de entrenamiento, dietas estrictas, horas de gimnasio esclavizado por la disciplina, abandonando a sus seres queridos, persiguiendo el rendimiento óptimo. De tanto buscar los límites de su cuerpo acabó por traspasarlo.

Ahora gana todas las carreras aunque nadie le crea.